¿Educación?

Con su habitual tono protagonista, Isabel Gemio ha abordado hoy en la radio el asunto de la niña de Ponferrada a la que tres compañeras de instituto le han partido una pierna. La infeliz le tiene pavor al centro, es de entender. Pero las otras tres niñatas, por el contrario, siguen asistiendo a clase y son "famosas" entre la chavalería. Ya tienen galones que colgarse. El programa, que ha recuperado a la mejor Gemio, lejos de sus bazofias sentimentaloides de la televisión, ha tratado el espinoso asunto de la violencia en las aulas. Los datos son espeluznantes. Más del 60% de los profesores de secundaria reciben amenazas verbales, y el 15% acaba por ser agredido. Pero la primaria tampoco se libra, porque casi la mitad de los docentes tiene que oir insultos de un piojo de diez u once años. ¿Qué está pasando?

Quisiera pensar que esto es una etapa cíclica, y que la siguiente generación será opuesta a la actual. Pero también me imagino que los niñatos estos algún día serán padres, y podemos esperar lo peor de su capacidad para educar a sus hijos. ¿Reside ahí el problema? ¿En que los padres no saben educar? ¿Cualquiera tiene hijos? ¿Están los progenitores dejando a esta brutal sociedad el papel de formar a sus vástagos? Si esto último, que creo que es lo más apropiado, es así, ¿no tendría mucho que decir aquí la televisión? ¿Quizás la juventud ha descubierto que la formación y el aprendizaje no son garantía para triunfar en la vida, y sí acudir a un Gran Hermano donde insultar a tu libre albedrío? ¿Qué valores tiene esta sociedad? Pero es que no hay que perder de vista que los profesores de la enseñanza pública son funcionarios del Estado o la Autonomía, por lo que las administraciones tienen la responsabilidad de velar por sus trabajadores, y no parece que les tengan demasiado en cuenta. ¿Hay que volver a autorizar un tortazo en clase? ¿Es el coscorrón una medida ejemplarizante? ¿O al menos una fórmula para que el profesor mantenga su autoridad?

No acabo de encontrar respuestas. Me siendo además impotente al pensar que mis padres, profesionales de la enseñanza, puedan encontrarse con algún despojo infantil con ganas de guasa que les pueda hacer la vida imposible. Porque ya no son solo los niños los que agreden, sino también los padres, que creen ver en algunos profesores estrategias de persecución hacia sus nenes, querubines que las suspenden todas por sistema y fuman y beben con apenas doce o trece años. En una escuela de Málaga han conectado cámaras conectadas con la Policía Local. Es algo más simple que eso. El que no quiera aprender y decida ser un bala perdida, allá él. Pero que no cercene las posibilidades de aquellos que quieren ser algo en la vida, que aspiran a estudiar y ansían saber. Que la escoria no enfangue el camino de la gente con metas en esta vida. Esto podría sonar a clasista, pero esos niños serán en el futuro gentuza que no sabrá educar, que no sabrá respetar, que no sabrá tolerar. Y eso es el futuro de nuestra sociedad, y puede que por pura estadística, alguno de esos especímenes acabe siendo un político. ¿Lo merecemos?

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