Despues de la gloria, qué?

De regreso del viaje a Estambul, mientras reposo la pierna contusionada y agoto mis días libres, estoy viendo mucho cine. Creo que todo el que tenía acumulado desde hace dos meses. Y por esas cosas del tiempo libre, me ha surgido una idea a la que le estoy dando vueltas desde hace tiempo. Cuando un director rueda su obra maestra, reconocida mundialmente como tal, ¿debe esforzarse por seguir contando historias o mejor dedicarse a gastar su inmensa fortuna y no manchar su reputación con peliculillas de medio pelo? Y por cosas del celuloide, se me aparece la figura del gran Francis Ford Coppola. Este maestro del Septimo Arte es historia viva del mismo por una contribución conocida por todos, la trilogía de "El Padrino". Jamás se repetirá algo así en nuestros días, porque no habrá más Marlon Brando, ni Pacino ni De Niro volverán a brillar de ese modo. Y si me apuran, porque Mario Puzo se murió y como él, casi nadie sabía de mafias.
 
Pero Coppola, pese a haber tocado techo y recibir la unánime genuflexión de la humanidad cinéfila a su obra, ha seguido muñendo y pergeñando películas, con suerte desigual. Que si "Peggy Sue se casó", que si "Jardines de Piedra", que si "Jack" o "Legítima Defensa". Serie B que podría haber rodado él o su segundo, porque son tan necesarias para la historia del cine como el ketchup para la gastronomía búlgara. Mención aparte merece la controvertida "Apocalypse Now" (Redux o no), que arranca magistralmente pero se enfanga con el paso de los casi innumerables minutos.
 
Esto de tocar techo creo, a mi humilde entender, que ya le ha pasado a algún que otro director. Oliver Stone, por ejemplo, algo paranoico ahora con el 11-S y tocado del ala tras las loas a Fidel Castro en sus documentales. Stone firmó piezas clave de los noventa como "JFK", "Nacido el 4 de julio" o, ante todo, "Asesinos Natos". Años antes logró las interesantísimas "Wall Street" o "Platoon", pero ahora nos atormenta con ruedas de molino como "Alexander" (me dormí viéndola), "Giro al infierno" o "Un domingo cualquiera". ¿Es necesario que siga dando la lata?
 
Con Martin Scorsese pasa algo similar. Un señor que ha filmado "Uno de los nuestros" y "Casino" merece un hueco junto a Hawks y Lang en el olimpo de los dioses del cine negro. Otros le aplauden por "Taxi Driver" (no es mi caso), y los más recuerdan también la notabilísima "Toro Salvaje". Podríamos enumerar otras pequeñas joyitas como "El rey de la comedia", "After Hours", "El color del dinero" o el remake de "El cabo del miedo". Pero con todo esto a sus espaldas, ¿por qué se empeña en hacernos padecer "El aviador", "Gangs of NY", "Al limite" o "Kundun"? ¿Es que el talento le viene y le va, y en esta última temporada le escasea? Cuentan quienes la han visto que "Infiltrados", su última cinta, le redime del pecado de la vulgaridad de sus últimas intentonas.
 
Y tres cuartas de lo mismo para Woody Allen. Desde "Misterioso asesinato en Manhattan", donde encontró a la siempre maravillosa Diane Keaton, no ha encontrado química con ninguna actriz. Quizás Helen Hunt en "La maldición del escorpión de jade", pero el resto han sido películas bien facturadas, entretenidas, pero lejos de la cota de genialidad que el judio más famoso de NY demostró en los ochenta con "Annie Hall", "Manhattan" o mi favorita, "Broadway Danny Rose". Nah, "Match Point" no me supuso ningún orgasmo cinematográfico, por espectacular que apareciera Scarlet Johanson. Y algo así me está pareciendo "La Dalia Negra", de otra bestia parda de la sala oscura como Brian de Palma, un señor que sabe tocar fondo y regresar a los cielos. Hace "Vestida para matar", "Carlito’s way" o "Scarface" y luego se enfanga en una "Mision Imposible" o una "Mision a Marte", por no hablar de "Snake Eyes" o "La hoguera de las vanidades". Pero como "Los Intocables" o "Femme Fatale", ninguna. Y sí, en ocasiones su simple dominio del arte narrativo, sus excesos en el manejo de la cámara (con esos siempre agradecidos planos secuencia que no van a ningún sitio pero que nos empalman a los perturbados) justifican algún que otro truño.
 
Con todo esto encima de la mesa, la duda se plantea si en la vida hay que alcanzar la cima alguna vez o amagar durante toda ella con llegar, para que así nuestra existencia tenga un sentido. Pero, ¿es el cine comparable con la vida real, o esos 35mm de celuloide son un mundo paralelo con reglas propias? Se aceptan apuestas.

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