Mexico pinta mal

Mexico es un país difícil. Sólo así puedo entender que un mismo partido, el PRI, gobernara durante setenta años seguidos sin inmutarse lo mas mínimo la sociedad. También es entendible que era una formación sustentada por las clases dominantes y opulentas de la sociedad, mientras que los menos favorecidos (que en México se cuentan por millones), sólo podían sentarse en su chabola a mirar pasar la pobreza delante de sus ojos. Setenta años después de que este partido recogiera el legado de los Zapata y Villa, se había convertido en un pozo de corrupción inimaginable. Y llegó Vicente Fox con su PAN y rompió la hegemonía. Y hace un mes y pico tocaba volver a elegir al presidente de la República. Y las elecciones se polarizaron. Las clases acomodadas y urbanitas se situaron con Felipe Calderón, sucesor de Fox en su partido, mientras que la izquierda, apoyada en el hambre de los harapientos y analfabetos (no es un insulto, es una constatación del nivel de pobreza de las clases socials más bajas de México), decía estar con Andres Manuel López Obrador.
Pues bien, hubo elecciones, y por tan sólo 250.000 votos, Calderón resultó elegido. Y López Obrador no aceptó el veredicto de las urnas. Y se atrincheró con miles de sus fieles en el mismo centro del DF, reclamando que la Justicia investigara un posible fraude. Y el Tribunal Supremo le dijo que de pucherazo nada, que Calderón era el presidente. Y López Obrador se mantuvo en sus trece. Tan es así que lejos de acatar los sufragios y la palabra de los jueces, acaba de proclamarse presidente y amenaza con un gobierno paralelo al oficial, que sí presidirá Calderón. Es inconcebible que un político responsable pueda propiciar una fractura de tal calibre en una sociedad. Y más en un país como México, de desproporcionadas desigualdades entre los que tienen dinero (y cultura) y los que no. La quiebra de un pueblo por pura ansia de poder desvirtúa el juego democrático, y sólo hace imaginar cómo podría haber sido un México presidido por un señor con semejante mal perder.
El futuro de México es incierto. Me recuerda a algunas cosas que hemos vivido en España hace setenta años, cuando la derecha entendía que el legítimo Gobierno de la República no era válido y había que reconducir la situación. Me recuerda a cómo España se partió en dos bandos. Aunque de aquella, en España no era una lucha entre izquierda y derecha (como intenta hacer creer López Obrador en México), sino entre fascistas y demócratas republicanos. Quiero equivocarme cuando miro a México y veo el caldo de cultivo perfecto para un enfrentamiento social. Pinta mal México, pinta mal.

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