Adios, señor Ford

Se nos sigue muriendo el cine. Hoy ha dicho adiós un hombre al que sólo recuerdan las televisiones por un célebre bofetón a Rita Hayworth en "Gilda", la única película conocida de su director, Charles Vidor. Y sin embargo, ese actor que encarnó a Johnny Farrell también fue Jonathan Kent, Dave Conway, Yancey "Cimarrón" Cravat, y sobre todo, el sargento Dave Bannion. Ha fallecido Glenn Ford, un artista sin Oscars pero que es para el cine como el humo en blanco y negro, uno de sus elementos fundamentales en los cincuenta y sesenta. Es injusto que se le vea como el "partenaire" de la Hayworth, porque detrás hay un fabuloso intérprete que se las vio poco después con otra "femme fatale" como Gloria Grahame en "Deseos humanos" y "Los sobornados". Ahí es nada. Menudos dos colosos de Fritz Lang. En ésta última peli hay algunas de las escenas más duras y sádicas que jamás se han rodado en el género del cine negro. Y para las televisiones, ha muerto el que abofeteó a Gilda. Evidentemente, una agresión vende más que una sonrisa. Ya nos quedan pocas estrellas en el firmamento, aquel del que presumía Louis B. Mayer, dueño todopoderoso de la Metro. El inexorable paso del tiempo nos priva de ellos, pero nos deja el mejor legado que jamás podrían imaginar, sus inmortales interpretaciones, sus inolvidables películas, sus risas y sus llantos, sus besos de mentira y los tiroteos llenos de polvora de artificio. Nos dejan, a fin de cuentas, el cine.
 
Vaya con Dios, señor Ford. Y gracias.

2 comments

  1. Un buen actor, no era de los que destacaba, del que hacía grandilocuentes interpretaciones, no era atractivo, era bajito, pero tenía un saber estar, una seguridad y una pose fascinante. Parecía que no interpretaba, que él era su personaje, y eso tiene mucho mérito. Otro que se va, ya quedan menos de una etapa dorada, pero nos queda sus películas, por lo menos.

  2. Pero mientras estos actorazos viven siempre nos queda esa pequeña esperanza de que aparezcan en alguna gala de esas por sorpresa y se nos ponga la piel de gallina al verles sonreir, sabiendo que puede ser su última sonrisa. Ese subidón de sentimientos es el que cada vez escasea más en el cine. Apenas Olivia de Havilland y Kirk Douglas.

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