Llueve

He vuelto a Santiago después del periplo regatero en Vigo y aledaños. Y en Compostela, llueve. Y no hace sol. Y sopla un desapacible viento. Pero lo echaba de menos. Creo que a la piedra compostelana no le queda bien el verano. Es un sitio donde el sol riega las calles de turistas que preguntan siempre por la catedral y comen pulpo y pimientos como quien ha descubierto la cura contra la calvicie. Tampoco es que me entusiasmen los inviernos, porque entre que llueve sin parar y hace un frío malo como la quina, es una ciudad difícil. Pero aun con todo eso, sigue siendo una ciudad fantástica, que no me cansa, y donde he encontrado mi espacio vital, mis gentes, mis bares, mis vinos y muchas mas cosas que, de contar aquí, haria creer a cualquier que soy gallego. Y no, no es el caso. Lástima que haya quien crea que en el pueblo está la felicidad. Hasta que no conoces Santiago, creo que no estás completo.

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