Pensamientos vacacionales

Desde este retiro onubense al que recurro en vacaciones, con la panorámica del Guadiana muriendo y Portugal al fondo desde mi ventana, surgen a borbotones ideas y sensaciones que -aprovechando que finalmente tengo internet en mi casa- voy a trasladar al blog. Muchas son impresiones inconexas, y apenas flashes de instantáneas que producen cosas que me rodean, pero seguro que perdonais que me haya olvidado por un día del sentido común.
 
1. El tiempo está loco. Tras una noche espantosa por culpa de una dura digestión fruto del exceso de gazpacho y salmorejo, el día clarea (porque como no vemos el sol no se sabe si ha salido) con sus 25º de rigor. Pasa el mediodía y seguimos sin ver el astro rey, oculto tras un manto gris, pero las temperaturas ascienden a los 38º. No corre el aire, no hay humedad, no hay sol sofocante, pero hay mucho calor. Lo peor llega en este preciso momento, cuando a las cinco de la tarde se pierde la noción de que es la sobremesa tras un nuevo oscurecimiento del cielo, al que se suma un súbito viento del norte que nos haría pensar que estamos en noviembre si no fuera porque… ¡¡porque aquí siguen haciendo 38º!!
 
2. En el fondo, somos unos hipócritas. El último caso conocido es el de Gregory House, doctor en medicina con una serie propia que emiten a pachas Cuatro y Fox. Es uno de los personajes más antipáticos de la televisión, maleducado, cínico y sarcástico hasta rayar lo soportable, y encima con un aire de superioridad que le concede su profunda sabiduría médica. Lo vemos en la tele y nos parece un tipo simpático, ocurrente, y hacemos el juego tonto de "yo me parezco a House" o "menganito que yo conozco es clavadito a House". Cuando en el fondo es una patraña, porque si tuviésemos a nuestro alrededor a algún cretino que fuese todo el santo día cortante, frío, hostil, irónico y completamente insensible le mandaríamos a la mierda, por más que en el fondo insondable de su corazón albergara algo parecido a los buenos sentimientos. Como dice House, todo el mundo miente.
 
3. Añoro Santiago. Esto puede ser interpretable de mil maneras, pero no sé exactamente si echo de menos a la ciudad, a las personas, a mi trabajo, o a una mezcla de todo. Puede que incluso la comida, pero eso me haría parecer un glotón, y me niego a pensar que me muevo únicamente por intereses de la gula. Todavía. No dejo de estar en mi casa, con los amigos de siempre, y en mi pueblo. Pero esto del remanso de paz me harta. Necesido mi droga compostelana, mis piedras, esa catedral a la que solo entro cuando hago de guía y mis bares de siempre con su vino y su tapita. Evidentemente que me falta esa gente que me ha ayudado a integrarme socialmente en la ciudad, y aunque el matrimonio socialdemócrata de Conxo de Vázquez y Viqueira anda por Brasil (ahí es nada), todavía quedan nombres propios en Santiago con quien echar unas risas. Tan es así que me regreso dos días antes.
 
4. No soy feliz. No soy infeliz tampoco, pero sigue faltando algo. Seguiremos buscando.

One comment

  1. Lástima que no te encuentres bien en ésta tu tierra natal (muy a tu pesar) Pero me alegra que al menos sepas en el lugar que quieres estar. El maravilloso Santiago (yo también me quedé prendada cuando lo visité)
     
    Espero que encuentres pronto lo que buscas.
     
    Besos.

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