¿Soy clasista?

Bienvenidos al nada reconfortante y pasmosamante insulso mundo de los autopsicoanálisis del Quillo. Ya que no gana lo suficiente como para pagarse el coche y además pasar por el diván de un profesional, va a recostarse tan ricamente en su silla del estudio a confesarse públicamente acerca de sus miserias y las reflexiones que ellas producen. Y la primera promete sustos de los gordos.
 
Todo nace hoy, al pagar la compra en el Corte Inglés y ver como la cajera, una chavalita jovencita aunque excesivamente maquillada y peinada como mi abuela, me guiñaba un ojo. Y si no me lo guiñaba, a mí me lo pareció, porque si no me hubiese dado esa sensación no tendríamos esta maravillosa reflexión, que a fin de cuentas es lo importante, y estaríamos debatiendo la importancia de comer fruta antes de la comida o si elegir carne o pescado a la cena. Lo dicho, me guiñó un ojo. Y me dije a mi mismo, ¿serías capaz de formalizar una relación con una cajera? O lo que es lo mismo, generalizando, ¿te importa la condición socio-laboral de alguien antes de meterte en harina o siquiera concebirlo?
 
Pregunta peliaguda. (Largo momento de silencio en que me hago la pregunta varias veces a ver si obtengo respuesta) (Nuevo momento de largo silencio mientras bullen las ideas al calor del paracetamol contra la gripe) Y lo cierto es que hasta este momento no había caido en esa cuestión, porque en algo de connotaciones similares (otro debate en mi fuero interno para ver si soy clasista en las relaciones amistosas) la respuesta acabó siendo negativa, ya que tengo colegas pintores, pescadores, y un jardinero (el resto son licenciados, sí, pero no es culpa mía, los conozco de antes de la universidad…).
 
Pero en el plano afectivo-personal la cuestión es distinta. ¿Acaso por no haber estudiado una carrera y haber optado por un trabajo esa persona tiene que tener menos inquietudes que yo? ¿Acaso el paso por la universidad garantiza que la otra persona no va a acabar preocupada por la salud de Rocío Jurado y los líos de Pipi Estrada? ¿Me llegaria sentir moralmente superior a otra persona por el simple hecho de haber tenido la oportunidad de estudiar una carrera? ¿Podría ser capaz de preguntarme si esa persona "está a mi altura"? ¿Me podría preocupar si no está a gusto con mi grupo de amigos porque conversan de temas políticos elevados y bla bla bla?
 
Si tan siquiera me paro a pensar en la respuesta a esta batería de preguntas, creo que debería empezar a preocuparme. Sí es verdad que la educación como persona está muy por encima de su formación, en el mismo escalón que sus valores o su forma de ser. Pero me temo que quizás, casi sin poderlo evitar, se me podría hacer difícil de explicar que me atrae una pescadera, una frutera o una peluquera. Y vaya si resulta absurdo, porque ahora mismo en mi cabeza bulle la mirada inocente de una camarera. Ciertas cosas no pueden razonarse, parece evidente.
 
Dictamen de los supertacañones: más que clasista, el Quillo es un descerebrado aburguesado al que no le vendría mal acabar enganchado de esa camarera (sí sí sí!!) para que se le bajen un poco los humos, por mucho coche nuevo que se compre y mucho polo de regata que lleve. Le estará bien merecido.

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