Catalonia is not Spain

Noticia del Telediario: la Generalitat catalana ha convocado un concurso de ideas para promocionar souvenirs propios de Barcelona y combatir así que el recuerdo más adquirido por los turistas que visitan la Ciudad Condal sea la popular bailaora flamenca, acompañada del torero y el morlaco. Vamos, que la moderna Cataluña no quiere bajo ningún concepto ser comparada o equiparada a esa España cañí de charanga y pandereta que representan los símbolos más tópicos de nuestro folclore. Quien quiera eso, que se vaya a Sevilla, deben decir los inigualables dirigentes catalanes.
 
Una de las fábricas de estas muñecas, según seguía informando el Telediario, tiene sede en Chiclana, provincia de Cádiz, y lleva abierta desde hace casi 80 años con la misma producción: flamencas, matadores y toros. Cambian las modas, los colorines de las folclóricas y el gesto de los muñegotes, pero a fin de cuentas siguen igual. Pero lo que podría entenderse como un producto "Made in Andalousia" tiene trampa: el textil de los muñecos viene de Cataluña. Mire usté por donde, origen y destino son el mismo sitio. Esperemos que la Generalitat tenga a bien explicarle a esos empresarios del textil que cierren sus factorías porque es "poco catalán" vender trajes de flamenca. Deberían haberlo puesto en el Estatut. A Carod se le pasó por alto, lástima.
 
Cuestión aparte es si los propios españoles debemos renunciar a los signos que nos han identificado durante siglos. ¿Es falta de modernidad? ¿O es fobia a lo clásico? ¿Nos define en exceso como catetos o su repulsión revela nuestra carencia de respeto al pasado? El debate puede que sea incluso estéril, ya que nos estamos refiriendo a souvenirs, no a la política exterior de la Nación, pero hay quien hila fino.
 
En estos casos es cuando se recuerda que Gran Bretaña sigue exportando la cabina de teléfonos, el autobús de dos plantas y los guardias de la Casa Real; los americanos, al McDonalds, los vaqueros y los indios; los escoceses, a sus fulanos con faldas; los japoneses y chinos a samurais y geishas; los franceses a su Torre Eiffel (los pobres tienen poco más) y los italianos su sempiterna imagen de fulanos con bigotito zampando espaguetis con una mano y haciendo la señal de la mafia con la otra. Ninguno de ellos se molesta porque los "guiris" compren souvenirs topicones que nada tienen que ver con la realidad. Porque la verdad, si me preguntan, preferiría seguir vendiendo flamencas y toreros a chuscos muñecos de Maragall y Zapatero, el Estatut en múltiples idiomas o un delantalito para la cocina con el jeto de Fernando Alonso. Qué quieren que les diga, me quedo con la muñeca Guendolín en lo alto de mi tele…
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