Amor ¿ciego?

Fruto del desquiciamiento que padezco por culpa del excesivo trabajo es la reflexión de hoy. Bueno, más que de hoy, de anoche, que fue cuando brotó poquito antes de sumirme en el plácido y relajante sueño en solitario (este detalle es importante porque denota mi disponibilidad para entablar relaciones formales con mocitas decentes y de vida jubilosa). Va del amor, la amistad, la sinceridad y un ciego. Así, todo junto.
 
Pensemos en la hipótesis de que tenemos un amigo ciego. Pero no cegato de no ver tres en un burro sin las gafas de culo botella graduadas a la perfección en Optica Blanco, no. Ciego ciego, de los que venden cupones porque no distinguen el día de la noche. Pues uno de esos. Y que el mozo se echa novia. Y la pobre es fea como ella sola. Pero fea fea, de las que su madre se asustó al traer al mundo. Y ahí que nuestro amigo nos pregunta "¿cómo es de guapa mi chica?" ¡¡Ahahá, dilema!! ¿Somos sinceros y le decimos a nuestro amigo que Picio era Miss España al lado de su novia pero que la belleza está en el interior, y que total, para lo que disfruta él del aspecto físico…? ¿O mentimos miserablemente y hacemos creer a nuestro colega que la chica en cuestión no está nada mal y que si Dios le quitó la visión le ha regalado una Venus para que le acompañe? Hmmm…
 
Pero es que cada una de estas decisiones tiene consecuencias. Si optas por ser franco y directo, tu amigo puede reaccionar mentando a tu madre, a tu padre, incluso a tu abuela o tu hermana si procediera, además de llamarte "cruel", "cabronazo" o puede que "envidioso", en el caso de que él mismo crea que su novia salió del mismo molde genético que Claudia Schiffer. Ojo, que la opción B es todavía más peligrosa. Imagine usté señora que su amigo recupera la vista en Corporación Demostética (que puede que ahí no arreglen los ojos, pero todo se andará, y si no, dele tiempo a don Carlos Blanco o, en su defecto, a los de Marina D’Or) y descubre que se ha juntado con un cayo malayo feo feo feo feo. Pero feo, vamos. ¿No tendría razones para dejarnos de hablar? ¿No podría también iniciar la retahila de recuerdos a nuestras familias? ¿Podría caer presa de una depresión por haberse casado con la prima de Carmen de Mairena?
 
Por tanto, la solución que ofrezco a esta profunda e interesante reflexión es la única que se podía esperar: no se eche amigos ciegos, ni sordos, ni cojos ni mancos. Esto último no es que condicione mucho, la verdad, pero si nos vamos a poner pejigueras con la estética, que no quede por buscar la perfección formal. Ale, ya pueden comenzar a tirarme los trastos por cafre, insensible, borrico y bachibazuk (que nunca supe qué coño venía a significar, pero lo decían en los comics de Tintín y era gracioso, ¿no?).

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