Días grises, días tristes

Hoy acabo de comprender por qué necesito de manera imperiosa el sol brillando en lo alto del cielo. Aquí, en Santiago, estamos huérfanos del Astro Rey desde hace casi dos semanas. Todo es gris. Comienza por la luz, que se oscurece y consume antes de llegar al suelo. Sigue por el día a día, que se multiplica y fotocopia entre el marasmo y el hastío de este clima tan otoñal y desagradecido. Y por último, casi sin darte cuenta, te invade en el carácter y te derrumba.
 
Algo así me está pasando. Y acabo de darme cuenta. Los días grises despiertan mis fantasmas personales, echan leña al fuego de mis miedos y me acaban dejando desamparado en el desierto de la nada, sin saber qué hacer o cómo curarme. La única solución es aferrarme al paso del tiempo, único cicatrizante que parece hacerme efecto, pero que incluso creo que puede fallar en cualquier momento. Los días grises son los que me desnudan ante mi soledad, mis graves problemas para socializarme y las paranoides visiones sobre conceptos como la amistad o la pareja. Son días de dudas, de reflexiones que te abruman y nunca resuelves, y de malestar general sin causa conocida. Es terreno fértil para la melancolía, la nostalgia y el recuerdo, tres enemigos del bienestar emocional al grito de "cualquier tiempo pasado fue mejor", desenterradores profesionales de miserias.
 
En estos momentos de desazón afectiva es cuando la memoria hace desfilar a las personas queridas, azuza problemas que creías resueltos y te alerta de que la noche va a ser enemigo complicado de lidiar, por aquello de que la oscuridad alimenta las más bajas pasiones vividas y por vivir. Sin embargo, creo que vivo en un engaño constante. Siento que me he dicho a mí mismo que la última ruptura sentimental de hace más de medio año está olvidada y asumida, pero sigo sin el valor de afrontarla cara a cara. En ese terreno de la farsa vivo, creyéndome capaz de subsistir saliendo de copas los viernes y tonteando con unas y otras. Entonces ya no sé si necesito afecto para olvidar a quien no me quiso querer más, o lo necesito para seguir queriendo a alguien. La duda es si estoy en permanente búsqueda de sustituta, o cerrado en banda soñando una utopía. Y todo por culpa de los días grises.

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