Capote

A partir del próximo 5 de marzo, cuando consulten una enciclopedia y busquen la definición de Oscar al Mejor Actor, se les aparecerá una fotografía de Philip Seymour Hoffman interpretando a Truman Capote en esta película. Es, de principio a fin, un personaje absorbente, que concentra toda la atención del espectador y ayuda a pasar por alto la historia en sí, más discreta que otra cosa. Hoffman, ayudado de un leve maquillaje, es Capote de principio a fin, es ese gigantón con voz de castrado y sensibilidad a flor de piel, es la dualidad de la fortaleza como escritor y la debilidad como persona, es la cara y la cruz de un personaje histórico.
 
La historia narra lo acontecido alrededor de uno de los libros más famosos del escritor norteamericano, "A sangre fría", una de las novelas de cabecera de cualquier periodista, y que nos transporta a unos asesinatos que encogieron el corazón de la América profunda a mitad de la década de los 50. Por aquel entonces todavía la prensa era el medio más leído, y lo que recogieran sus páginas iba a misa en una sociedad atascada entre la Segunda Guerra Mundial y el hiperdesarrollo de los sesenta. Capote viajó hasta Kansas a investigar este suceso para un reportaje, y acabó tan conmovido que se implicó durante casi un lustro hasta ponerle el punto y final a su libro. La historia cuenta su trato con los dos asesinos, con los que dialogó frecuentemente para escribir sus capítulos.
 
Esto es construcción de personaje. Es, seguramente, una de las encarnaciones más conseguidas de la última década, me atrevería a decir. Pocos Oscar al Mejor Actor estarán mejor dados que el de Seymour Hoffman, y me rindo ante su interpretación, pese a que Joaquin Phoenix como Johnny Cash era mi debilidad. Pero hay hechos incontestables, y al tiempo que reconozco que aún no tengo película favorita clara, aquí no hay color. Los gestos, la mirada, el movimiento de las manos, la entonación… Nada en Capote es aleatorio, sino fruto de un minucioso trabajo de estudio y composición del personaje, que Hoffman hace como muy pocos actores en Hollywood. Bien pudiera aprender Tom Hanks.
 
El resto de la película es accesorio. Ni sorprende, ni decepciona. Es un gris continuo que sólo se ilumina con Capote en pantalla, soberbio, soberbio, soberbio. Para ser un poco maliciosos, podríamos decir que es una película "de compás de piano", donde el director ha querido jugar a ser sensiblón y dar mucha pena al espectador, utilizando el recurso de humanizar a los asesinos del mismo modo que Capote en su libro, con el añadido de una banda sonora muy ñoña. Pero no cuela. Nosotros, como público, estamos atendiendo a otro elemento de la pantalla.

3 comments

  1. yo no soy cinéfilio jajaja pero al menos sé que esta noche es la gran noche no? Duerme todo el día que será una noche larga, es lo que tiene la diferencia horaria
     
    y que ganen los tuyos

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