Buenas noches y buena suerte

En esto del cine creo (porque esto es una teoría muy personal, como todo lo que se publica en el blog) que hay dos tipos de películas: aquellas que se adscriben y cobran sentido en el contexto y coyuntura que las ve nacer; y las universales, que sobreviven al paso del tiempo y los acontecimientos para engrosar las listas de la historia del celuloide. Estas segundas acostumbra a llamarselas clásicos, porque si bien suelen (generalidad gratuita) recoger el momento presente de su etapa de filmación que caduca con el paso de los años, su consistencia como historias las hace obviar ese detalle y trascender hacia la inmortalidad. Es el caso del cine negro, que responde a una situación social determinada, o los movimientos neorrealistas o de la "Nouvelle Vague". Del mismo modo, hay excepciones en forma de cine de época o que, mejor dicho, retrata otras etapas distintas a la coetánea al momento de la filmación de la película, como puede ser el caso de "Lo que el viento se llevó" o "El Padrino".
 
Dentro de ese primer grupo del que hablé se enmarca una de las grandes candidatas a los Oscar 2006, esta "Buenas noches y buena suerte" de George Clooney. Narra la cruzada de un informativo televisivo allá por la década de los 40 en Estados Unidos que decidió levantarse contra el poder establecido (y particularmente la vergonzosa campaña anticomunista del senador McCarthy) y erigirse como voz crítica en un momento muy delicado de la historia norteamericana, en plena Guerra Fría. Es, a mi juicio, un relato de periodistas muy digno, pero inferior a "Todos los hombres del presidente", por ejemplo.
 
Y no es que en sí como película sea gran cosa esta historia de Clooney, pero es que tal y como gira el mundo en estos momentos, y dado el absoluto desinterés y falta de compromiso de Hollywood con la realidad supone un refugio moral para los críticos y renegados de la resignación ante la política contemporánea. Si entonces hubo quienes alzaron la voz, quizás este sea momento para volver a cuestionar ciertos comportamientos en la Administración Bush, como su fracaso en Irak, la infamia de Guantánamo, su paupérrima estrategia económica o, más crudamente, la escandalosa falta de previsión y reacción ante el Katrina y sus efectos en Nueva Orleans.
 
Poco más. Clooney no es un gran director, ni esta es una película que pase a los anales de la historia. Es más, no debería hacer excesivo ruido en los Oscar. Cuando Bush pase a mejor vida y olvidemos su enorme lista de desatinos, esta película perderá parte de su fundamento, porque su interpretación y el grueso de su fuerza como film depende de nuestra actualidad, y no de lo que ella narra en su metraje. ¿Decepción? Ligera, aunque desde una visión corporativa me gusta que se dibuje a periodistas como los que vemos en el film. De estos quedan ya pocos, tristemente. David Strathairn está muy correcto, serio, profundo, muy del estilo de aquellos presentadores de televisión que sentaban cátedra, y no como los monigotes que tenemos ahora y que se pelean por hacernos creer que su objetividad es la que debemos creernos. Lo demás es una mezcla rara entre cine documental y homenaje encubierto que entretiene pero no entusiasma.
 
Visto lo visto, por ahora me quedo con "Crash", por más que mi buen amigo Adrián la denoste (a él le gusta el cine de chinos, así que no sé yo si hacerle mucho caso…), y a la espera de disfrutar de "Capote" y "Una historia de violencia". Prometo hacer quiniela antes del domingo, aunque perderé seguro.

One comment

  1. Tal y como ya me hicieron ver en su momento, Good Night and Good Luck es un ejercicio de guionaje excelente: pocos directores se arriesgan tanto en una película, y menos en Hollywood, como para hacer que transcurra en su 90 % en la misma localización (Lars von Trier es Dogma, no me vale) y sin digresiones personales que no vengan a cuento (léase escenitas romántico-eróticas con la mujer, o de violencia familiar reprimida con los hijos -cosas que sí aparecen en Una historia de violencia), hecho que quizá le hubiera conferido un plus de entretenimiento. Por eso, ole por Clooney, que se dejó a su cerdo y se vino al terreno de lo arriesgadamente correcto.
    Tengo que ponerme yo a hacer crítica de esta peli (jejejeje), que siempre acaba pasando lo mismo: lo bueno se sobreestima en ocasiones por razones externas a la calidad artística, y por consiguiente, hay una reacción (lógica, por otra parte) de subestimación. No me refiero a esta obra en concreto, claro. Pero que ha sucedido, y demasiado a menudo, es cierto.

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