Despertares

Escribí hace mucho en el blog acerca del poder lisérgico de las noches, de su magia para embrujarnos en sueños imposibles y darnos ánimos caducos para emprender empresas inalcanzables. Últimamente descubro que no padezco estos síntomas antes de cerrar los ojos, sino en los momentos inmediatamente siguientes a abrirlos por la mañana. Entonces, cuando desde la cama levantas el párpado y contemplas que no hay nadie a tu lado, vuelves a sentirte realmente pobre, por aquello de estar solo. Quizás es que en el pasado te malacostumbras a que a tu vera esté quien más quieres, y ahora esa ausencia la notas. O quizás es que la lisergia nocturna todavía no se ha desvanecido por completo. Lo cierto es que hasta que no das un bote de la cama no consigues disuadir esos pensamientos tristes y centrarte en la verdadera realidad, la que te pone los pies en el suelo y te devuelve al día a día, lejos de anhelos y deseos.
 
"…Es mi soledad, la que me insulta pegada a mi piel,
la que me grita tienes que aprender, es mi soledad.
Es mi soledad la que no quiere ser, la que tiene el rencor,
la que me lleva siempre a suplicar
por esos versos y caricias que me enseñó tu amor.
Es mi soledad la que se deja ver, la que me hará aprender,
la que me lleva siempre a recordar
lo que es la amarga, pura y dura, soledad.
Es mi soledad…"
 
(Antonio Orozco, "En mi soledad")

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