Las caricaturas famosas

A veces hay quien es capaz de sintetizar en pocas líneas lo que a un servidor le llevaría párrafos y párrafos. En esta ocasión, se trata de mi admiradísimo Ignacio Camacho, ex director de ABC y columnista de la Casa, que se ha marcado un articulazo bajo el título "Todos somos daneses", referido a la reciente polémica por las caricaturas de Mahoma. Antes de reproducir algunas partes de su artículo, me limitaré a señalar un aspecto: señores, solo se trata de religión.
 
"(…)Todos somos daneses, sin embargo, ante esta arremetida de atroz irracionalidad que pone la sociedad abierta en el punto de mira de la locura fundamentalista. No valen paños calientes ni golpes de pecho; las viñetas satíricas que han provocado el terremoto podrán ser soeces, inadecuadas o simplemente torpes, pero no es la anécdota del pretexto sino la categoría de la esencia lo que hay que defender. (…)

En estos días tormentosos, inicuos, se echa de menos un dirigente con coraje que ponga los puntos de la dignidad sobre las íes del valor civil. Que diga, más o menos, lo siguiente: «Señores musulmanes, ya está bien. Esos dibujos serán más o menos afortunados, pero están amparados en un derecho que para nosotros es sagrado porque sobre él hemos construido la civilización de la libertad. No vamos a sancionar a nadie por dos razones: porque en el Occidente democrático no condenamos ninguna expresión aunque no nos guste, y porque la única sanción que cabría, que es la de un cierto desprecio moral, no les iba a dar a ustedes satisfacción alguna. Y porque lo que ustedes cuestionan no son las caricaturas, sino el derecho a publicarlas, y sabemos por amarga experiencia que, como dijo Tony Blair tras los atentados de Londres, sería un error catastrófico creer que porque nosotros cambiemos ustedes van a cambiar. Así que mucho cuidado, no nos vayamos a cabrear nosotros». (…)"

One comment

  1. Creo que, al margen del conflicto contra la libertad de expresión que todo esto conlleva (la esencia, como dice él) creo que las caricaturas no son más que un pretexto por parte de los líderes fundamentalistas para inflamar a la gente de la calle.
    El problema es que tienen razones mucho más profundas que esas para estar enfadados. Y vienen  de antes de cualquier atentado. Quíén sea capaz de descabrearlos buen descabreador será.
     

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