Ambiciones vitales

Pues sí, en esta vida hay que ser ambicioso. Por más que a veces el pesimismo nos invada y desistamos en plantarle cara a la realidad encerrándonos dentro de nosotros mismos, llega un punto en que el conformismo y la pasividad se convierten en nuestro peor enemigo. Es una creencia firme. La semana que viene, por ejemplo, me piro a Londres. Y ya ando ideando a dónde escaparme en marzo, en abril, en verano, en el Pilar… Es la necesidad de conocer cosas nuevas, de huir de lo rutinario para sumergirte en lo novedoso. Los viajes son como los idiomas: manejar muchos solo redunda en tu propio beneficio para ser más plural, abierto y culturalmente mas rico. Ensancha la mente, que se suele decir.
 
Por el contrario, tengo amigos (muchos) que no les gusta viajar. Y no solo es ese detalle, es que no tienen la inquietud de salir de su entorno más cotidiano, en el que se regodean bien a gusto, disfrutando de sus miserias como si fueran dones divinos y alardeando de las mismas. No concibo a alguien que no disfrute viajando. Es como volver a nacer, es el placer incomparable de inmiscuirte en otra realidad y formar parte de ella. También contribuye a eso mi gusto por huir de rutas comerciales preestablecidas, temporadas altas y demás. Cuanto más de incógnito, mejor. Así coges a la ciudad por sorpresa.
 
Pero aun peor son otros amigos (algunos menos) que reniegan de éstos anteriores pero les imitan en comportamientos. Y lo hacen con su buena fe, intentan poner distancia con los reservones pueblerinos, pero cuando han de dar el paso definitivo hacia su consagración como buenos cosmopolitas, agarran el libro de excusas y oye, una detrás de otra hasta acabar en el insano inmovilismo. Y lo peor es que cuando no te mueves, acabas por echar raices, y en ocasiones, tan profundas que lastran cualquier posibilidad de emprender el camino hacia nuevas experiencias.
 
Viajar es fundamental. No a otro país, sino a cualquier sitio cuyos hábitos y costumbres sean distintos, donde nuestros prejuicios se vean cuestionados, donde pongamos a prueba nuestra capacidad para absorber nuevas visiones de la realidad, nuevas perspectivas que nos ayuden a relativizar conceptos tales como la verdad, la belleza o el frio, porque no veas tú si voy a pasar frio en Londres dentro de una semana. La culpa es del Daniel, por meterme en estos embolaos. Claro, como el va a dormir con su novia, verás lo calentito que se acuesta, pero un servidor que va a un albergue de medio pelo. Ay Dios, qué cruz arrastro. Mierda de viajar, con lo cómodo que está uno en su casa…

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