MMV + 1 = 2006, claro

Me he parado a pensar un rato. Luego, viendo que sólamente estaba mirando la pared, me he puesto a pensar en serio. Y cuando de nuevo me he descubierto cotilleando por la ventana, he decidido que no sé pensar, o que me cuesta horrores, o que necesito escribir a la par que estrujo mis meninges y así conseguir un zumo de reflexión sano y vigoroso. Porque quiero deducir qué ha cambiado en mi vida del 31 de diciembre de 2004 a ese mismo día de este rimoso año. Y la triste realidad es que sólo hay un elemento novedoso: mi adicción a la Coca Cola (light, eso sí). Porque vale que he pasado por diversas visicitudes que me han hecho sufrir los más diversos estados de ánimo (tanto para muy bien como para muy mal), pero sintetizando en las diferencias entre esos 365 días, no hay nada destacado. Sigo en el mismo sitio, con el mismo trabajo, en la misma soltería tan apetecible para cientos de miles de jóvenes chicas (que en algún lugar del globo suspiran por mis huesos sin que yo lo sepa). Hombre, quizás el coche sea otro cambio brusco en mi vida, lo más parecido a un billete para viajar a cualquier sitio.
 
Es una reflexión injusta. No podría resumir 2005 sin poner nombres y caras a tantos y tantos recuerdos, momentos, emociones, situaciones, risas y llantos. Lo que más me llenó fue volverme a encontrar con amigos (y hermanos) del pasado en sitios tan dispares como Palma, Zaragoza, Alicante, Madrid o Burgos, ver que siguen siendo lo mejor que tengo. Mención aparte supone el "Corazón de Mimbre" que me ha dado alegrías y miserias (más lo primero que lo segundo, por supuesto) para no olvidar, y que sabe que tiene lugar privilegiado entre mis memorias más sinceras. Y esa vela que me ha hecho conocer ciudades, gentes y amigos de la talla del Coli, Pepote, Jaume, Saborido, Moreno, Comesaña, el Rizos y, sobre todos ellos, mi Sensei, grande de España y azote de los pantufleros.
 
No quiero limitar el resumen de 2005 a nombres y más nombres. Muchos no aparecen, pero saben que sin ellos no sería capaz de sonreir ni pasarmelo bien en según qué sitios. En Madrid y Ayamonte hay elementos imprescindibles para una buena dosis de risas en vena, por más que haya atrevidos que rechacen llamadas nocturnas intempestivas para manos a manos taurinas. Bah, son unos aburridos.
 
Y en el apartado de propósitos para 2006… Sólo se me ocurre algo tan elemental como difícil: ser feliz. Tamaña gesta no me la proporcionará el dinero, el trabajo, los amigos ni una novia, sino la sabia combinación de todos estos factores en su medida justa para que en su equilibrio perfecto vuelvan a ser 365 días cargados de nuevos viajes, experiencias, borracheras, resacas, besos, abrazos, kilómetros, tangas, películas, libros, conciertos, discos, descabellos, playas, regatas y… champú, mucho champú.
 
Sé que suelo hablar mucho de política y de lo que se cuece por los mentideros congresuales. Me da lo mismo en este instante. Mis deseos no son para otros, sino para mí, leñe, que si uno no es egoista con sus cosas va jodido en esta vida. Aunque si el Estatut no sale me quedaré más tranquilo. He dicho.
 
PD: A todos, gracias. A tí, mil gracias.

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