La línea recta del porvenir

Leo en El País Domingo un reportaje sobre "La generación de los mil euros", esa masa social comprendida entre los 25 y los 38 años que sobreviven a los tiempos que corren con tres ceros y un uno: 1.000 euros al mes. En justicia no me veo del todo reflejado, porque los protagonistas viven en Madrid, donde todo es potencialmente más caro, y ganan esa cantidad como salario bruto. Afortunadamente, Galicia permite una mayor holgura, y lo cierto es que a fin de mes llego habitualmente sin complicaciones. Pero hay elementos coincidentes que te arrastran a la reflexión e, inevitablemente, a la decepción. Una de las voces del reportaje denuncia que por más que se estudie, por más cursos-doctorados-masters que realice, el mercado laboral no mejora. Entonces, ¿por qué nos dejamos engañar tan miserablemente por universidades que nos chupan nuestros escasos recursos o, la mayoría de las veces, los de nuestros padres? ¿Cuándo nos rebelaremos ante la tiranía del inútil posgrado?
 
Pero más amargo es el campo político. Cuando tienes un trabajo precario, sin contrato, como becario o de prácticas, ganando un sueldo de miseria por una jornada de ocho horas, vienen los políticos y te dicen que hay crisis. Cuando ellos suben al poder, proclaman que han creado nosecuantos millones de puestos de trabajo y que España va bien, o mejor, o como narices digan, que la economía converge, que las empresas crecen en riqueza y que el PIB está por las nubes. Pero nosotros seguimos sin contrato, y nuestros conocidos continúan con sus remuneraciones tercermundistas, pagando alquileres de pisos imposibles y malviviendo rodeados de ofertas de ocio que no pueden pagar. Ni tan siquiera comprarse un pantalón en Zara. No queremos más declaraciones de buena voluntad, ni políticos falsos como duros de madera que tuercen la sonrisa en campaña a modo de gesto de consternación por las malas condiciones de la juventud. Estamos cansados de presidentes que prometen el oro y el moro (y ésto último está llegando en desbandadas) y luego seguimos empantanados en el mismo barro, que no podemos llamar pobreza, pero que dista mucho de una vida mínimamente acomodada.
 
El presente nuboso es el preludio de un futuro tormentoso. A diferencia de nuestros padres, a los que la vida acomodada les llegó en el momento en que empezaron a trabajar tras finalizar sus estudios, nosotros vamos a padecer este limbo de la incertidumbre muchos años. "El porvenir ya no es una línea recta", decían sabiamente en el reportaje. Nada garantiza que tendrás éxito en esta vida. Y ya no es ni siquiera eso. Hemos abandonado hace mucho la pretensión de llegar a ser algo relevante (ambición tan manida en las películas) para, sencillamente, subsistir y no lamentarnos al final de nuestros días de una existencia gris y tapada por la necesidad de trabajar. Con 1.000 euros brutos al mes (es decir, 850 limpios tras las retenciones de ese fantasma llamado Hacienda) los bancos no te dan un crédito para una casa, aunque tal y como cuestan, ¿vas a pagar una hipoteca hasta los 65 años? Vayamos más allá, con ese dinero, o sin un contrato, nadie se atreve a plantearse un futuro con una familia. ¿Qué seguridad les puedes dar a tus hijos? ¿Qué calidad de vida vas a tener? ¿O acaso trabajar 40 horas semanales tienen como única recompensa volver a casa, cuidar a los niños y el fin de semana dar un paseo por el Retiro?
 
Sería fácil decir que la vida es una mierda. No lo es. Es esta sociedad española la que es una mierda, donde la clase media del futuro (es decir, nosotros) nos argentinizamos poco a poco, perdiendo poder adquisitivo frente a unas clases dominantes que llegarán a viejas podridas de dinero y que necesitarán de gente de nuestra generación para que les limpien el culo. Lo más triste es que tampoco puedes rebelarte, porque con cierta edad y con los pies en el suelo, primero es llegar a fin de mes, y luego lo demás. Pero puestos a creer en los partidos políticos, yo sería capaz de olvidarme de la unidad de España, de los nacionalismos rupturistas, de la inmigración ilegal y de las demás charlas de los tertulianos en la radio por un proyecto político que tenga lo que hay que tener para coger por la entrepierna al mundo empresarial y cerrar el grifo de la explotación laboral. Una limpiadora no puede cobrar más que un tipo licenciado en Derecho y con dos másters en la primera universidad de España.
 
La línea recta del porvenir está quebrada. Y nos invade el desconsuelo al ver que cada vez la brecha se amplía.
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3 comments

  1. ¿Quizá la solución sea la inmigración en masa? No me veo (o más bien, no me quiero ver) como uno de esos ratoncitos de laboratorio…

  2. MAS ACOJONAO ANTE TANTA VERADD JUNTA!…. EN FIN, ESTO LO MONTAN LOS CABRONES DE SIEMPRE PAM JODER A TO LOS DEMAS, COM ESTA EL TEMA EN GALICIA PORQ SI AQUI EN MADRID SOY CAPAZ DE AHORRAR EN GALICIA PUEO SER EL PUTO AMO! ( TENGO MIS TRAMPILLAS TB PERO AQUI SE TARTA TRISTEMENTE DE SOBRE-VIVIR)NIÑOMELON ( TRAS UN LARGA AUSENCIA VULEVO)JAMES BOND SOLO HA HABIO 1….

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