El ocaso del éxito

Qué cruel es la vida. Te da la oportunidad de triunfar, de serlo todo, de tocar el éxito con la punta de los dedos, de sentirte que te has realizado como persona o artista… y de un plumazo te lo quita todo. Ayer no había más de un centenar corto de personas viendo a los Medina Azahara en la Sala Capitol de Santiago. Cierto es que es un estilo de rock con muchos aires andaluces que no sé yo hasta qué punto tienen predicamento en Galicia. Pero por encima de eso, Medina lleva dos décadas en este negocio de la música, son una institución en el rock español y no merecen ir de banda de pueblo por las salas de conciertos. Sentí vergüenza ajena. Y me puse en su piel. Me pregunto si les asaltará la duda de si su momento y su sitio ya ha pasado, de si deben colgar la guitarra y dedicarse a otra cosa. Han pasado del todo… a la nada. El éxito les da la espalda cuando deberían de ser una institución reconocida allí por donde fueran.

Y no es justo. No lo es porque trabajan su música más que cualquier pimpollo imberbe y paleto que pueda salir de cualquier academia de triunfos. Es más, poseen un estilo único en el panorama musical español, para bien o para mal. Y como andaluz, para mi representan el ultimo vestigio del rock de mi tierra que nació entre finales de los 70 y comienzos de los 80. "Paseando por la mezquita" sigue teniendo vigencia, y poseen un directo bastante mejor que el de mucho grupillo que he visto últimamente. Por comparar, Manolo Martinez canta, a sus cincuenta y tantos años, mejor que Jose Andrea con treinta y pocos. Es decir, Medina lleva 20 años dando guerra. Veremos cuanto dura Mägo de Oz.

El concierto compensó. No ocultaron su sorpresa de cantar ante un puñado de amigos, pero supieron agradecerlo. De "A toda esa gente" pasaron a "Necesito respirar", haciendo sonar "Velocidad", "El vaivén del aire", "Córdoba", "Palabras de libertad", "Solo y sin ti", "No quiero pensar en ese amor", "Otoño", "Todo tiene su fin" y, por supuesto, "Al padre santo de Roma". Medina en estado puro, con un Paco Ventura a la guitarra sobrao del todo y de quitarse el sombrero.

Me invadió la tristeza al saber que dos días antes, en un festival de hip hop no se cabía en la sala. Y para los Medina… cuatro amigos y el de la barra. Qué cruel es la vida, y qué puñetero el éxito… y qué bonita mi camiseta que me he comprao para recordarle a la plebe que se han perdido un señor concierto de rock. Aunque sería como darle margaritas a los cerdos…

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