Murder my sweet

Marlowe y más Marlowe. Es literatura negra en estado puro, en una América deprimida, gris, azotada por una guerra que tornó la ilusión del sueño americano en desidia. Y merodeando por un Los Angeles de corrupción y miseria, Philip Marlowe, el detective imperfecto, de frase ácida y rostro machacado a golpes.

Siento debilidad por el cine negro que a su vez se basa en literatura negra. Y ahí que me lancé con Murder My Sweet (me niego a llamarla por el estúpido nombre español de "Historia de un detective"). Salió de la RKO, de la mano de Edward Dmytryk, y con la cara de Dick Powell como Marlowe. Pero no pude quitarme en toda la película la imagen de Bogart en El Sueño Eterno. Fue superior a mis fuerzas. No obstante, no deja de ser una película muy digna, muy entretenida, y con ese toque de suspense irracional que aparece donde menos lo esperas.

Quiero ser Santino Corleone, pero si no se puede, ser Marlowe no es mala opción. Aunque sea un rato.

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